La puerta de emergencia también se cerró

Durante buena parte de los últimos dos años, la informalidad funcionó como amortiguador del mercado laboral chileno.
Si alguien no conseguía un puesto con contrato y cotizaciones, todavía podía caer en uno peor: trabajo informal, sin protección, pero con ingreso. Los nuevos datos muestran que ese salvavidas se está achicando.
El economista Benjamín Villena, de la Universidad Andrés Bello, tomó la Encuesta Nacional de Empleo y la miró de otra manera. En vez de contar cuántos ocupados y desempleados hay, siguió a las mismas personas para ver hacia dónde se mueven. Es una diferencia importante: no mide el stock, mide el flujo.
Hace un año, cada semana un 5% de los desempleados lograba entrar a algún trabajo. Hoy es 4,3%. La posibilidad de pasar a un empleo formal mejoró, de 2,1% a 2,5%. Lo que se desplomó fue la salida hacia la informalidad: de 2,9% a 1,8%.
Dicho simple: la puerta buena se abrió un poco, pero la puerta de emergencia se cerró mucho más.
Por eso conviven dos datos que parecen contradictorios. La informalidad aumentó en doce meses y, al mismo tiempo, está recibiendo a menos desempleados. Hoy crece porque entra gente directamente desde la inactividad y porque quienes ya están ahí permanecen más tiempo.
El efecto se ve en el desempleo, que llegó a 9,5% en el trimestre mayo-julio, con 981 mil personas buscando trabajo. Pero el reporte no muestra una ola de despidos: la destrucción semanal de empleo formal se mantiene en 0,3%. El problema está en la entrada. Se crean muy pocos puestos para sacar gente del desempleo.
Y esperar se está haciendo más largo. El promedio de búsqueda llegó a 8,1 meses, el mayor para un trimestre mayo-julio fuera de la pandemia. Hay 184 mil personas que llevan al menos un año buscando: casi uno de cada cinco desempleados.
Además, no compiten solo entre ellos. Un 7,9% de quienes ya tienen trabajo está buscando otro, 0,7 puntos más que hace un año. Cada vacante recibe también a personas ocupadas que quieren moverse.
Hay una buena noticia escondida en los mismos números, y conviene decirla.
Hace un año, el 42% de quienes salían del desempleo llegaba a un puesto formal. Hoy es el 58%. Quien encuentra trabajo tiene más posibilidades que antes de que ese trabajo sea de los buenos. El problema es que menos personas lo encuentran.
El Banco Central describe el mismo mercado desde arriba: habla de destrucción de empleo, especialmente formal, y apunta a mayores costos laborales, automatización y una demanda interna más débil, que ha golpeado sobre todo a sectores intensivos en mano de obra como la construcción.
Y el Gobierno está intentando responder. En julio activó Modo Empleo, con 50 mil millones de pesos para incentivar contratación formal y una meta de 50 mil nuevos puestos en cuatro meses. Vivienda tiene en marcha un programa que proyecta casi 20 mil empleos, y esta semana adelantó un plan cercano a 200 millones de dólares para acelerar viviendas y obras pequeñas de aquí a diciembre.
Todas esas medidas apuntan al mismo cuello de botella: no basta con evitar que la gente pierda su empleo. Hay que conseguir que quien quedó fuera vuelva a entrar.
Esa es la paradoja del mercado laboral chileno hoy. Cuando una persona logra encontrar trabajo, tiene más posibilidades que hace un año de que ese empleo sea formal. Pero hoy menos desempleados logran encontrar algo.
Encontrar pega mala también se puso difícil.
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