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La vara que eligió el ministro

hace 11 minutos
3 min de lectura

Jorge Quiroz ha venido citando a una economista estadounidense de 84 años para explicar qué cree que necesita Chile para volver a crecer.


Se llama Deirdre McCloskey. Doctora en Economía de Harvard, profesora durante años en la Universidad de Chicago, dedicó buena parte de su carrera a una pregunta enorme: por qué algunas sociedades pasaron de siglos de estancamiento a niveles de prosperidad nunca vistos.


Su respuesta se aleja de la explicación clásica de acumular más capital. McCloskey pone el acento en las ideas y la innovación: las economías despegan cuando las personas tienen libertad para probar algo nuevo, pueden quedarse con parte de la recompensa si funciona, y viven en una sociedad que considera legítimo emprender y ganar dinero haciéndolo.


Quiroz no descubrió esa tesis ahora. Ya en una columna de 2024 la resumía en tres palabras: dignidad, libertad y retorno. La semana pasada, como ministro, volvió a usarlas ante inversionistas en el ChileDay de Londres.


Y en su agenda la conexión es reconocible.


Libertad: menos obstáculos para desarrollar proyectos, con la facilitación regulatoria entre los pilares de Hacienda y medidas para agilizar permisos en la Ley de Reconstrucción. Retorno: la misma ley redujo gradualmente el impuesto de primera categoría de 27% a 23%. Y la meta es explícita: que la inversión, que hoy crece 1,7% al año, vuelva a crecer 8%, el ritmo que tuvo entre 2000 y 2013.


Dignidad, la más propia de McCloskey: en Londres sostuvo que también hay que recuperar la valoración social de la actividad empresarial, y reconoció que eso no se consigue por decreto.


Pero hay un punto en esa tesis que me parece más interesante que la agenda misma.


McCloskey no dice simplemente que los países prosperan cuando invierten más. Dice que prosperan cuando innovan más: cuando alguien puede introducir una idea, desafiar a quienes ya están instalados y obtener una recompensa si resulta.


En su columna de 2024, el propio Quiroz lo explicaba así: la productividad crece por una secuencia de innovaciones, nuevas ideas y nuevas formas de organizar los negocios. Hoy, como ministro, su meta se mide en inversión.


No son lo mismo. Y Chile tiene ahí un problema propio: según el INE, el país destinó apenas 0,41% del PIB a investigación y desarrollo en 2023.


Se puede acelerar una mina, reducir un impuesto o conseguir que una empresa existente encuentre financiamiento. Todo eso puede aumentar la inversión. Pero no garantiza que aparezcan compañías capaces de crear algo que antes no existía.


La reforma al mercado de capitales de este mes va en parte por ese lado, con más financiamiento para empresas de distintos tamaños. Y muestra, de paso, que la agenda tampoco es simplemente menos Estado: crea un Fondo Nacional para la Vivienda con BancoEstado y aportes fiscales.


McCloskey no es asesora del ministro. Es una referencia intelectual que usa desde antes de llegar a Hacienda. Y justamente por eso sirve como vara para mirar su plan.


Si al término de estas reformas Chile tiene más proyectos y más inversión de las empresas que ya existen, habrá ocurrido una parte de lo que el Gobierno busca. La otra parte es más exigente: que aparezcan nuevos actores, nuevas ideas y empresas capaces de desplazar a las antiguas.


Porque, llevada a Chile, la idea de McCloskey es bastante simple. No basta con hacer más rentable invertir. Una idea nueva necesita permiso, financiamiento y espacio para competir con la vieja.


Análisis completo en Youtube, Spotify y Apple Podcast.

 
 
 

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