Lo que cambió no es cuánto, sino de dónde
- hace 2 días
- 3 min de lectura

En diez años cambió el origen de la riqueza de los más ricos del mundo. No el monto: el origen. Y ese cambio, que suena técnico, tiene consecuencias directas sobre una discusión que está en todas partes, incluida Chile.
The Economist cruzó datos de Forbes, de la firma china Hurun y de la fundación sueca Gapminder sobre unos siete mil milmillonarios de los últimos veinticinco años, y los separó en dos grupos según de dónde viene el dinero.
Por un lado, lo que llama riqueza poco competitiva: la que proviene del juego, la construcción, la defensa y las materias primas. Sectores donde el acceso político pesa más que la competencia, porque abrir una mina o un casino depende menos de tener el mejor producto que de tener los permisos correctos. En esa categoría incluye también a los herederos, que no rompieron ninguna ley, pero heredaron su fortuna en lugar de crearla.
Por el otro, la riqueza de quienes levantaron empresas compitiendo.
El mapa se movió, y bastante. Las fortunas heredadas explicaban a principios de los dos mil cerca de la mitad de la riqueza milmillonaria del planeta. Hoy explican un cuarto. Las inmobiliarias cayeron un tercio desde 2018. Y por primera vez, la mitad de esa riqueza viene de gente que construyó empresas compitiendo.
Vale la pena detenerse en un detalle que descarta la explicación fácil: esto no es solo el efecto de la inteligencia artificial. Incluso sacando toda la tecnología del cálculo, la proporción sigue subiendo. El dinero nuevo aparece en finanzas, en alimentos, en manufactura.
Ahora bien, hay un dato que empuja en dirección contraria y conviene no omitirlo. El banco UBS mide otra cosa: cuántos milmillonarios nuevos aparecen cada año. En 2025 registró 196 fortunas creadas contra 91 heredadas, lo que apunta en el mismo sentido. Pero esos 91 herederos recibieron el mayor monto que el banco haya anotado, y proyecta que hacia 2040 se traspasarán unos 6,9 billones de dólares, la mayor parte a hijos.
Es decir: la herencia cayó a un cuarto justo antes del traspaso generacional más grande del que se tenga registro. El indicador de origen mejora en el momento previo a que la variable heredada vuelva a pesar.
Lo que me parece más interesante para quienes tomamos decisiones no es el dato en sí, sino cuándo aparece.
Este giro se da en el momento en que los milmillonarios son más impopulares que nunca. "Cada milmillonario es una falla de la política pública" es una consigna común de la izquierda. Y The Economist, que no lo es, usa exactamente esas palabras para los herederos: dice que también son una falla de la política pública, porque su riqueza es inmerecida. La revista arma con su propio dato una paradoja: se volvieron más antipáticos justo cuando, según esta medición, su fortuna es en promedio algo más merecida que antes.
De ahí la revista salta a una tesis discutible: que si los ricos hacen su dinero compitiendo, caen algunos argumentos para subirles los impuestos al patrimonio.
Y es ella misma la que se pone la objeción que la desarma. Que alguien haya hecho su fortuna limpiamente no cambia que un puñado de personas pueda comprar influencia política. Elon Musk se hizo rico solo, y aun así no ha ocultado su intención de influir en elecciones.
Ahí el dato deja de decidir. Y queda la discusión que importa, que no es sobre el mérito sino sobre la concentración.
Para Chile esto no es abstracto. Buena parte de nuestra riqueza empresarial nace precisamente en los sectores que The Economist clasifica como poco competitivos: minería, construcción, recursos naturales, concesiones. No porque haya ilegalidad, sino porque son actividades donde el permiso, la concesión y la regulación pesan estructuralmente más que el producto. Si la vara internacional se mueve hacia distinguir el origen del dinero, el capital chileno queda del lado que peor califica, sin que eso diga nada sobre la conducta de nadie.
Y eso abre una pregunta práctica de reputación y de política pública que todavía no nos estamos haciendo.
Análisis completo en Youtube, Spotify y Apple Podcast.


Comentarios