Quién paga las pérdidas del fondo E

Desde que se supo el tamaño de las pérdidas circula una idea razonable: si perdieron mi plata, me la tienen que devolver. El Congreso la recogió. El senador Daniel Núñez y el diputado Luis Cuello presentaron un proyecto llamado "Devuelvan la plata", que obliga a las AFP a restituir lo que perdieron los fondos D y E, reajustado por IPC y en un plazo máximo de un año. La Cámara aprobó su admisibilidad.
El proyecto crea la obligación. Lo que no crea es la fuente. Y la respuesta a de dónde saldría ese dinero está, desde 1980, en el decreto ley 3.500.
La ley obliga a cada AFP a mantener un activo llamado encaje: el 1% de cada fondo, puesto con plata de la administradora e invertido en el mismo fondo que ella gestiona, precisamente para que le duela lo mismo que a sus cotizantes. Les dolió: sus utilidades cayeron 18,2% a septiembre, arrastradas por ese encaje.
El artículo 42 describe la cadena. Si un fondo rinde bajo el mínimo legal, la AFP tiene cinco días para restituir la diferencia, puede sacarla del encaje y debe reponerlo en quince días. Si no alcanza, el Estado complementa. Y la administradora que no repone se disuelve por el solo ministerio de la ley. El encaje primero, el fisco al final.
Hay dos razones por las que esa cadena no se ha activado.
La primera es de tamaño. La misma ley prohíbe usar el encaje de un fondo para tapar el hoyo de otro, así que para el fondo E solo está disponible el 1% del fondo E: unos 200 millones de dólares, contra una pérdida de 1.162 millones. Alcanza para menos de un quinto.
La segunda es de diseño, y es la que conviene entender. La garantía no responde cuando una AFP pierde. Responde cuando pierde más que las demás. La ley compara a cada administradora con el promedio de las otras en el mismo tipo de fondo, y solo la obliga a poner plata si queda al menos dos puntos bajo ese promedio. Las siete hicieron la misma apuesta y perdieron casi lo mismo, de modo que el promedio bajó junto con ellas. Ninguna quedó atrás, porque el punto de comparación caía al mismo ritmo.
Dicho de otro modo: un indicador construido sobre la comparación entre pares deja de medir riesgo en el momento exacto en que todos los pares se mueven juntos. Según los informes del regulador reconstruidos por BioBioChile, las AFP medían su riesgo comparándose entre ellas. Así medido, el riesgo relativo era nulo. El absoluto, enorme.
Hay además un problema de a quién se le abona, que cualquier esquema de restitución va a tener que resolver. El fondo E tiene más de 770 mil afiliados y cerca de 70 mil pasaron los 60 años. Quien se cambió de fondo en septiembre, asustado, ya no tiene cuenta ahí. Quien entró después no perdió nada y sí la tiene. Restituir a la cuenta de hoy premia al segundo.
Y corre un plazo que nadie menciona: el 1 de abril de 2027 el fondo E deja de existir, porque los cinco multifondos se reemplazan por diez asignados por año de nacimiento. El proceso de la Superintendencia tiene nueve meses y puede terminar en una multa que va al fisco. Las querellas toman años. Todos esos plazos vencen después de que el fondo que habría que compensar ya no exista.
El sistema premió copiarse. En libre competencia hay un nombre para las conductas idénticas sin acuerdo previo: paralelismo consciente. Las siete no tuvieron que coordinarse entre ellas. La regla con que se medían lo permitía.
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